Lo maravilloso del común.
bueno, el escenario que les propongo a continuación es uno lleno de diversas incógnitas para el entendimiento humano, un escenario que parece ser sacado de un libro de ciencia ficción, mitología y matemática pura, todo esto a la vez, una experiencia por la que ninguno de ustedes ha pasado en algún momento de sus vidas, una historia que hará que se te pongan los pelos de punta y quieras comerte las uñas, algo realmente terrorífico pero encantador a la vez, el cuento más hermoso y dulce que alguna vez te contaron, y esa película que te traumó y te ha traído problemas desde niño, los invito a que se aventuren conmigo a uno de los sucesos con mayores emociones sensoriales que puede tener el humano: la ida en bus hasta mi casa.
Si, esperaban algo más, yo sé, algo que tal vez al sólo nombrarlo cumpliera con por lo menos alguna de las condiciones que les mencioné anteriormente, pero realmente, para mi, este hecho cumple con todo lo que arriba les dije y ya les voy a contar por qué.
Todos los días, el terminar clase e ir a esperar el bus que me deja en la esquina de mi casa, puede resultar ser un acto de alivio, por esa satisfacción que se siente al saber que ya voy a poder sentir mi cama y acariciar a mi perro, o incluso un acto de tortura pensando en las tareas que debo para el día siguiente, el trabajo de dibujo, el taller de metodología, los ejercicios de matemáticas, los escritos de humanidades...y en que probablemente el sentir mi cama para realmente dormir y descansar no sea algo que suceda hasta altas horas de la noche(suena música triste de fondo), también me abrumo pensando en cuánto tardará la buseta, por qué no llega, será que se llenará mucho hoy? todas estás cuestiones permiten que mi semana adopte un patrón y se convierta en una hermosa rutina sin que yo misma me percate de ello. Pero aquí viene lo fantástico, resulta que hay ciertos días de la semana en los que este algoritmo repetitivo se rompe, como una falla en el sistema, su causa, su 'virus' que para mi en realidad resulta ser más como un antibiótico: una mujer, pero no cualquier mujer gente, una que logra desordenarme la vida en una milésima de segundo con tan solo lanzarme una mirada, que ni siquiera necesita ningún tipo de contacto físico para llenarme de vida y matarme al mismo tiempo, con una mirada tan profunda y ese brillo en los ojos que nunca le falta, es esa la causa de que mis días se alegren y quiebre la monotonía. El subirme al bus, pagar el pasaje, sentarme, cosas que en la normalidad de los días hago automáticamente, cobran un sentido absurdo si estoy con ella, el sentarme a su lado para mi es como un privilegio, me siento como una niña pequeña que va de paseo, esos paseos que hacían en las escuelitas al parque del café, así mismo. Ahí sentadas, esta mujer me toma de la mano y provoca un alboroto en mi cuerpo, el rozar esas manos que se conservan tibias me hace sentir paz, el contacto con sus anillos, rasgo tan característico de ella, me hace sentirla muy segura de sí misma y amo eso con mi vida, dejar caer mi cabeza en su hombro y sentir su aroma es algo que me fascina, ese aroma dulce y a la vez amargo que realmente no sé cómo describir pero que siempre, desde que tengo memoria de esta mujer haciendo parte fundamental de mi vida, he amado, es mi olor favorito de todos los que puedan existir y no los conozco todos, yo sé, pero tampoco me interesa, yo quiero que sea ese el olor por el cuál yo muera. Me habla, le hablo, hablamos, nos reímos de estupideces como siempre ha sido y así es como poco a poco el resto del mundo va desapareciendo y queda en mute, sólo conservo mis oídos para ella, para una voz llena de elocuencia, (ahora que lo pienso creo que durante todo el camino que estoy con ella debo mantener con cara de estúpida). Llegamos a la terminal, allí donde la buseta puede llegar a llenarse (por favor que no se llene) y donde se sube siempre uno que otro emprendedor promocionando su producto, el señor de las mentas xtime y dulces confidelite por un inigualable precio de uno en mil, dos en dos mil, amo la forma en que ambas gozamos del discurso de este señor. De pronto, me lanza un beso, como si fuera un disparo, me elevo tan alto que de un momento a otro ya no estoy en este mundo, si, ella puede causar eso, y también logra devolverme al mismo con tan solo poner su cabeza en mi hombro, más adelante hago reconocimiento de un semáforo, ese maldito semáforo que para mi significa infinidad de acontecimientos aterradores, el momento más tétrico de todo el recorrido, ese semáforo significa el fin de un montón de estímulos sensoriales que con pocas acciones esta mujer me genera, significa adiós, es un abrupto golpe contra el cemento justo cuando me hallaba en caída libre, es inevitable, es lo peor de todo mi día, me abraza y yo quiero quedarme en sus brazos toda la vida, un poquito más, se levanta, se baja, yo quedo como conmocionada y luego me percato de las cosas que suceden y sucedían al rededor, mis ojos se encuentran con que la buseta está medio llena, hay unas cuantas personas de pie, ¿hace cuánto están ahí?, mi nariz logra captar una conglomeración de olores que no tienen descripción, sólo puedo decir que no es agradable y que no se halla punto de comparación al paraíso de olores en el que mi nariz se encontraba, me abrumo pensando en que aún falta casi la mitad del camino, miro a las personas mientras rne mi mente les creo distintas situaciones, me imagino de dónde vienen, a dónde van, cómo están, no sé, algo para entretenerme y dejar de pensar en el vacío que ese semáforo dejó, lo único que me reconforta es saber que mañana podré verla de nuevo, todo esto suena ridículamente romántico y quizás en algún momento de mi vida odie eso, me generaba repulsión, pero esto me hizo esa mujer representando amor en mi vida, amen gente, es la acción más hermoso que puede tener el ser humano. El bus se va aproximando a la esquina de mi casa, me levanto, 'me deja por aquí, por favor' siento el aburrimiento y cansancio en el que mi cuerpo se ha hallado desde el inicio, pero del que no me percataba por mi estado de somnolencia, siento el asfalto. Qué trip.
Película que me inspiró
Diario de una pasión.

No hay comentarios:
Publicar un comentario